jueves, 11 de julio de 2013

Solo hay espacio para lo bueno.

Si algo ha cambiado en estos todavía primeros años de la era digital, si primeros años, como todo gran cambio como lo fueron el fuego, la rueda o la imprenta, se tardan muchos años en ver el alcance real y llegar a su etapa de madurez, es la manera de gestionar la información. Nunca ha habido tal cantidad ni hemos expuesto tanta al alcance de los demás, o al menos eso nos recuerda en cada entrevista de Edward Snowden, lo que nos hace perder, en cierta manera, la perspectiva de como gestionarla.
Hemos pasado de buscar información en esa enciclopedia de casa, si, esa que le costaba tanto pagar a nuestros padres, y de preguntar a los abuelos, a tener millones de entradas en Google, esa especie de libro gordo de Petete, que creemos que siempre dice la verdad porque internet, como la televisión, como lo ve tanta gente, siempre dice la verdad, alguien lo controla no ? (JA).

Lo que ha generado todo esto es indefinición a la hora de elegir una verdad, tanta fuente imposibilita poder llegar a una conclusión clara. Hemos pasado recibir la información al detalle para hacerlo a granel y así es muy difícil encontrar lo que es realmente interesante, porque la indefinición, genera confusión y no entender las cosas hace muy complicado llegar a saber la autentica verdad, los políticos saben mucho de esto.

Aun así, y de vez en cuando, te encuentras con historias que impactan, historias muy particulares de gente que no ha olvidado que lo que diferencia los seres humanos de otros animales son el raciocinio y la capacidad de influir positivamente en otras personas.
Historias como las de Marina Abramovic, una artista conceptual Serbía dedicada a las performance de gran éxito y reconocimiento. Marina es la protagonista de una de estas historias que merecen la pena compartir y difundir que tienen que ver con su obra. En marzo del 2010 puso en marcha la obra La artista está presente una performance en el Moma en la que sentada en una silla delante de una mesa, recibía a todo aquel que quisiera sentarse en frente de ella y mirarlo durante un minuto, fijamente a los ojos, algo tan simple como eso y que desde luego se está perdiendo, pero muy intenso, intentar mirar a alguien durante ese tiempo fijamente sin apartar la mirada, cuesta verdad ?

Para entender el video de mas a abajo hay que saber algo de la vida de Marina, en los años 70 mantuvo una relación artística y personal con Ulay, un artista Alemán con el que realizo numerosas obras. 12 años después, decidieron que su amor había acabado y realizaron una última performance juntos llamada los Amantes. Marina y Ulay fueron a China, se pusieron cada uno en un extremo de la Gran muralla y caminaron hasta un punto medio donde se dieron un abrazo y se despidieron para siempre, hasta que 25 años después, Ulay aprovechó la obra de Marina en el Moma para verla, y esto fue lo que paso.

Todo ese tiempo sin verse, solo un minuto por delante, y muchos sentimientos encima de la mesa, inmensa demostración de humanidad de 2 personas que demuestran que, a pesar de lo vivido, en la memoria solo acaba habiendo espacio para los buenos momentos.

Con ese ejemplo debemos quedarnos.

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